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JACK EL DESTRIPADOR


Jack el Destripador

Hoy comenzamos nuestra nueva sección de asesinos en serie más famosos de la historia, en ella recorreremos los casos mas famosos de estos personajes que un día sembraron el terror y algunos hoy en día todavía no se conoce su verdadera identidad. Esta es la historia de Jack el Destripador…

A finales del siglo XIX, en el East End “Whitechappel´´ londinense se vivía en una atmosfera opresiva, dentro de las murallas de la vieja ciudad romana de Londinum Augusta existía unja realidad diferente que la de West End, el barrio lujoso. Se cree que unas 80.000 mujeres desempeñaban la prostitución, por cuatro peniques podían mantener relaciones sexuales al amparo de cualquier callejón oscuro.

Corría el año 1888 cuando el siniestro personaje se desenvolvía por el barrio. Las descripciones hablan de un hombre blanco de 28 o 36 años, de estatura media que vestía un sombrero y una capa. Es posible que vistiera de forma muy elegante o de forma muy o muy humilde para pasar inadvertido. Era frecuente ver a personas de la alta sociedad -los habitantes de West End- . Pero tenían que asumir el riesgo de ser robados o asesinados.

Las victimas eran mujeres que desempeñaban el oficio de la prostitución. Las mujeres eran ejecutadas en un lugar público o semipúblico.

Sus asesinatos

El modus operandi del psicópata se conocen pocas cosas, pero se sabe que frecuentaba los pubs de la zona, donde conocía a cada una de sus victimas, seguramente las seleccionaría cuidadosamente. Dicen que las invitaban a una cerveza o ginebra hasta emborracharlas para ganarse su confianza. También se sabe que conocía bien la zona, recovecos y callejones. Lo suficiente como para dirigirse a aquellos rincones para asesinar a sus victimas sin ser visto por persona alguna.

El primer crimen ocurrió en la madrugada del viernes 31 de agosto. En Dueward Street apareció el cuerpo sin vida de Mary Anne Nichols. Había sido degollada y tenía unos cortes en el abdomen. Nueve días después, el sábado 8 de septiembre las seis de la mañana tuvo lugar el segundo crimen. En la esquina del número 29 de Hambury Street, yacía el cuerpo sin vida de Annie Chapman. En esta ocasión además de degollarla, le extrajo el útero con habilidad de cirujano. El 27 de septiembre de 1888 la Agencia Estatal de Noticias recibió una nota en tinta roja cuyo contenido era:

“Querido Jefe, desde hace días oigo que la policía me ha capturado, pero en realidad todavía no me han encontrado. No soporto a cierto tipo de mujeres y no dejaré de destriparlas hasta que haya terminado con ellas. El último es un magnífico trabajo, a la dama en cuestión no le dio tiempo a gritar. Me gusta mi trabajo y estoy ansioso de empezar de nuevo, pronto tendrá noticias mías y de mi gracioso jueguecito…” Firmado: Jack el Destripador

El día 30 de septiembre de 1888, pasada la medianoche, el cuerpo sin vida de Elizabeth Stride yacía sobre los adoquines. Aquella noche Jack fue sorprendido en plena faena. Esta fue la única vez que se vio al psicópata. El cuerpo de Elizabeth presentaba un gran tajo en la garganta como sus anteriores víctimas. Jack no quedo satisfecho con su trabajo, y volvió a 45 minutos después a un par de kilómetros de este punto, en Mitre Square. Aquí se encontró el cuerpo de la cuarta victima a las 1.45. Jack, se ensaño especialmente en este cuerpo. El forense en su informe describió una escena pavorosa. A la mujer le faltaba el útero y el riñón derecho. La víctima se llamaba Mary Jane Kelly.

La mujer fue vista con vida por última vez a las ocho de la tarde por un Pub de los alrededores. A las diez de la mañana del siguiente día, el niño que cobraba el alquiler diario de los apartamentos de Millers Court llamó a la puerta y nadie respondió. Al asomarse por un trozo de cristal roto de la ventana y mirar dentro no pudo creer lo que vio. Cuando llego la policía los agentes salían a vomitar, otros resbalaban con la sangre. Sus órganos estaban repartidos por la habitación, las paredes estaban manchadas de sangre. Mary Jane Kelly rondaba los 24 años cuando la asesinaron. Según la policía era muy atractiva. Cuando la encontraron tenia la cara totalmente despellejada, nadie pudo reconocerla con total seguridad. Su compañero sentimental, John Barnet, dijo que solo podía identificarla por las orejas.

La mención a “desde el infierno” aparece en la única carta que se atribuye realmente al destripador. Fue dirigida a George Lusk, presidente del Comité de Vigilancia de Whitechapel. Llevaba matasellos del 15 de octubre y fue recibida el día siguiente, el 16 de octubre de 1888:

“Desde el infierno. Señor Lusk. Señor le adjunto la mitad de un riñón que tomé de una mujer y que he conservado para usted, la otra parte la freí y me la comí, estaba muy rica. Puedo enviarle el cuchillo ensangrentado con que se extrajo, si se espera usted un poco”. Firmado: Atrápeme cuando pueda, señor Lusk

John Grieve, un ex comisario jefe adjunto de Scotland Yard, hizo el primer retrato robot de “Jack el destripador” con los testimonios de trece personas que afirmaron haber visto al supuesto asesino, que estranguló y mutiló a cinco prostitutas en el este de la capital británica.

Los investigadores creen que tenía buena conducta además de una capacidad innata para mezclarse entre la muchedumbre y han llegado a la conclusión de que fue interrogado seguramente por la Policía, que lo descartó porque su aspecto normal no delataba a un sádico como el que buscaban. Además de tener conocimientos de anatomía, como se ha señalado antes, el asesino debía de tener una buena posición económica pues en varios escenarios del crimen se encontraron uvas, que por aquella época eran muy caras.

Sospechosos

Argumentos como éstos han dado pie a numerosas teorías conspirativas que apuntan la autoría de los crímenes al médico de la Reina William Withey Gull, masones, reputados pintores de la época, o incluso miembros de la familia real británica, como a Alberto, Duque de Clarence. La teoría de Stephen Knight1 acusa a masones relacionando la palabra “juwes” de la frase:

«The Juwes are the men that will not be blamed for nothing»

Escrita en un muro después del asesinato de Catherine Eddowes, a la leyenda masónica de Hiram Abif y de sus asesinos: Jubela, Jubelo, y Jubelum, los Juwes.

Realmente nunca sabremos quien fue exactamente Jack El destripador, de ahí que su personaje es todo un mito histórico aun en nuestros días.


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