ASESINOS SERIALES PSICÓTICOS


DRA. LILIA ROMERO

He apreciado que muchos aficionados a las ciencias forenses, en específico a la psicología y psiquiatría forense llegan a confundir terminología. No es lo mismo hablar de Psicopatía (un trastorno antisocial de la personalidad en su más alta intensidad y expresión) a hablar de Psicosis.

Los estados psicóticos se refieren a la presencia de sintomatología característica como son la presencia de ideas delirantes (ideas que no se aterrizan a la realidad), alucinaciones que son alteraciones en la sensopercepción (de los sentidos, como son ver, oír, sentir, oler, degustar estímulos que no existen), presentar conducta y lenguaje fuera de lógica. Hay muchas enfermedades mentales que presentan síntomas psicóticos. La más conocida es esquizofrenia, sin embargo existen más que se enlistan en el Manual Diagnóstico y Estadístico de las Enfermedades Mentales en su quinta versión (DSM-V) como pueden ser el Trastorno delirante, trastorno psicótico breve, trastorno esquizofreiniforme, trastorno psicótico secundario a sustancias, etc. La gran mayoría de los asesino seriales psicóticos, se encuentran en el perfil denominado “desorganizados” en donde: el hecho no es bien planificado, suele surgir en la oportunidad que se tenga, las víctimas son fruto del brote de la enfermedad por lo que en gran mayoría son personas del núcleo familiar, el hecho se comete posterior de haber dejado el tratamiento farmacológico médico y haber tenido un desajuste de la enfermedad en donde en algún tiempo ya habrían escuchado voces que le decían lo que tenían que hacer para calmar una angustia relacionada con la idea delirante; muchas veces también actúan porque el brote de su enfermedad se ha producido como consecuencia del consumo de drogas, psicotrópicos o alcohol.

En su gran mayoría el ataque lo realiza de forma repentina, sin que la víctima tenga tiempo para reaccionar y defenderse, la escena del crimen aparece en desorden, caótica, reflejando bajo autodominio e impulsividad, dejando elementos simbólicos que reflejen su delirio (por ejemplo dejar heridas terribles en el rostro, específicamente en los ojos, por la ideación paranoide de ser perseguidos). Las pruebas del delito y las armas utilizadas no las oculta, las deja en evidencia o se las lleva consigo, en su gran mayoría es un cuchillo de cocina el que se utiliza para cometer el homicidio. Una mente enferma no se preocupa por si ha dejado huellas dactilares u otros indicios, y por último no suele ocultar el cadáver, sino que lo deja tal cual como quedó tras la agresión. No suele completar el acto sexual (si es que lo hubo) y si lo realiza es con la víctima ya fallecida. No suelen llevarse trofeos de las víctimas, y si lo hace tiene que ver con el grado de perturbación mental y suele ser una parte del cuerpo de la víctima. Cuando el sujeto enfermo presenta un brote o desajuste en su enfermedad, éste se ha manifestado en días anteriores, degradándose el aspecto físico y descuidando su higiene personal. En los asesinos desorganizados el factor del estrés situacional que precede al hecho es el mismo desajuste de su enfermedad mental. La principal enfermedad mental que se suele padecer en estos casos es esquizofrenia, y en cuanto al sexo y la edad, estadísticamente los asesinos en serie son mayoritariamente hombres (89%) y su edad oscila entre los 25 y los 35 años.


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