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EL ENIGMA DEL ZODIACO


Dos artículos interesantes, que nos habla del famoso homicida, conocido como el ZODIACO


La verdadera historia del asesino del Zodiaco y por qué no lo han atrapado


Paloma González, Revista GQ


Entre 1968 y 1969, un asesino serial identificado solo como Asesino del Zodiaco mató a 7 personas en 4 lugares diferentes alrededor de California. Lo que hacía a este asesino “especial” era que, desde el primer momento, contactó a la policía para confesar sus crímenes, dejando cartas en las que daba detalles de cada escena (que solo el asesino podría conocer) y en la que dejaba pistas sobre su identidad ocultas en un extraño código lleno de símbolos extraños.


Las primeras víctimas del Asesino del Zodiaco fueron parejas que se encontraban solas en lugares alejados en donde pudieran tener un poco de privacidad, dos personas sobrevivieron, pero ni ellos mismo podían dar una descripción exacta que ayudar a atrapar al criminal que tenía al país entero aterrorizado y curioso al mismo tiempo.


Zodiaco recibió atención al principio de su “carrera” homicida debido a las cartas en las que se burlaba de la policía y los retaba a encontrarlo, lo que tenía a todos en una especie de carrera contra el reloj para detenerlo antes de que dejara más cuerpos muertos, pero, en 1969, después de cometer su último asesinato en San Francisco (mató a un taxista), el interés se fue perdido, la historia se convirtió en leyenda y las posibilidades de encontrarlo se fueron haciendo cada vez más pequeñas.

Ningún caso de asesinato ha sido adjudicado al Asesino del Zodiaco desde ese día de octubre de 1969, pero el caso sigue abierto y el público sigue interesado en la historia de ese extraño criminal que, a pesar de dejar tantas pruebas, logró mantenerse oculto por el resto de su vida. No se sabe si Zodiaco está vivo o muerto, si ha tenido más víctimas o si lo tienen en prisión sin saberlo.


Esta historia comenzó un 20 de diciembre de 1968 cuando David Faraday, de 17 años, y Betty Lou Jensen, de 16, fueron asesinados en Benicia, California, mientras se encontraban en su primera cita. Inicialmente, la policía no tenía idea de que se trataba de un asesino serial, así que empezaron a buscar sospechosos en otros lugares y hasta llegaron a pensar que el asesinato podría estar relacionado con drogas.


Casi 7 meses después, Darlene Ferrin y Mike Mageau fueron atacados por un hombre misterioso que les disparó varias veces, matando a Darlene y dejando a Mike vivo con heridas en la mandíbula, el hombro y la pierna. Esta vez, Zodiaco llamó a la policía menos de una hora después de haber cometido el crimen y ahí les confesó que también había matado a “esos niños”, refiriéndose a David y Betty.



El tercer caso sucedió en septiembre de 1969, Cecilia Shephard y Bryant Harnell fueron atacados mientras tenían un picnic, un hombre usando una capucha y un símbolo extraño se acercó a ellos, los amarró y los acuchilló, Los dos estaban vivos cuando llegó la ayuda, pero solo Harnell logró sobrevivir.

Unos días después, el 11 de octubre, el Zodiaco cometió su último crimen, asesinó a un taxista de San Francisco y esta vez había testigos. Varias personas vieron el asesinato y describieron al criminal como un hombre blanco de entre 25 y 30 años, usando lentes y el pelo corto. La policía asumió que se trataba de un robo y vieron a un hombre que correspondía a la descripción, pero alguien se equivocó con la descripción y dijeron que el hombre al que estaban buscando era afroamericano, así que lo dejaron ir.


El 13 de octubre, el Zodiaco envió una carta en la que tomaba responsabilidad por el asesinato del taxista, enviando un fragmento cubierto de sangre de la camisa de su víctima, y después de eso no se volvió a saber de él.

Zodiaco envió varias cartas tanto a la policía como a los periódicos locales, comenzaba siempre con “This is the Zodiac speaking” y daba detalles de los crímenes, asegurando que su nombre estaba escrito dentro de los códigos que se mostraban en sus cartas. El primer código fue descifrado por una pareja de California que encontró mensajes como "Me gusta matar gente porque es muy divertido" y que más víctimas significaban más “esclavos recolecta para mi vida futura", pero, el código que supuestamente contiene la identidad del criminal nunca ha sido descifrado.


Después de 1971, Zodiaco se mantuvo en silencio por 3 años, pero en 1974 envió una nueva carta en la que aseguraba haber matado a por lo menos 37 personas, ese año envió 3 cartas más y volvió a desaparecer hasta 1978, cuando una nueva carta fue enviada al San Francisco Chronicle, aunque se pensaba que esta podía ser falsa porque la letra era diferente. Además, se descubrió que un policía había estado falsificando cartas, aunque la estación de policía lo negó siempre.


¿Por qué dejó de matar? De acuerdo con el National Center for the Analysis of Violent Crime del FBI, un asesino serial puede dejar de matar si hay un cambio grande en su vida, pero también puede ser que simplemente se haya vuelto demasiado viejo para seguir, realmente no se sabe y probablemente nunca lo sabremos (y tampoco sabemos si simplemente cambió su modus operandi).


A pesar de que se han considerado a más de 2,500 sospechosos, Zodiaco sigue sin ser identificado y existe la posibilidad de que el asesino ya haya muerto.


EL ENIGMA DEL ZODÍACO


Texto tomado de EL CONFIDENCIAL https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2018-12-20/asesino-zodiaco-no-existio_1717454/


El mayor asesino en serie de la historia no existió nunca: una teoría que lo explica todo.


Se cumplen 50 años desde que cometió su primer crimen, y a día de hoy, nadie sabe quién era. Es posible, argumenta un profesor, que en realidad nunca existiese.


Hay crímenes que cambian la historia de un país. No hablamos de magnicidios, actos de terrorismo o violencia de Estado; basta con que el asesinato sea lo suficiente oportuno como para penetrar en el inconsciente colectivo de una nación y quedarse ahí durante décadas. En España tuvimos Alcàsser, a Diana Quer y, quizá, ahora, a Laura Luelmo. En Estados Unidos, la serie de ataques perpetrados por el asesino del Zodíaco se convirtieron en el canon de lo que debía ser un asesino en serie.



Que jamás se detuviese al criminal o criminales fue, con toda seguridad, el factor que terminó convirtiendo al asesino del Zodíaco en una obsesión para decenas de miles de personas en todo EEUU. Un estatus que supera, con mucho, su alcance real: apenas dejó siete víctimas (dos de las cuales sobrevivieron), aunque, cual celebridad en horas bajas necesitada de un poco de fama, terminase atribuyéndose 37 asesinatos. Nadie ha reflejado mejor esta obsesión que David Fincher, uno de esos niños de San Francisco cuyo hombre del saco respondía al nombre de “asesino del Zodíaco”, en 'Zodiac', cuyo final abierto trasladaba al espectador la incertidumbre y frustración de los investigadores que no pudieron cerrar el caso.


Así que cada cierto tiempo aparece una nueva teoría que intenta responder de una vez por todas la gran pregunta: ¿quién era? En 2014, por ejemplo, un tal Gary L. Stewart publicó un libro de memorias en el que afirmaba que su padre era el asesino del zodíaco. Una de las más impopulares, aunque difundidas, es la del antiguo profesor de San Luis Thomas Henry Horan, autor de 'The Myth of the Zodiac Killer', que, como su nombre indica, intenta desmontar la existencia de dicho asesino. Simplemente, se juntó el hambre de un puñado de agresores e imitadores con las ganas de comer de la policía. La tesis, que ha sido recogida por Bill Black en un artículo para 'Mel Magazine', suena convincente. Y por eso es tan impopular, señala el autor: porque acabaría de una vez con todas con un 'hobby' compartido por miles de internautas e investigadores de todo el mundo.


Como recuerda Horan, que fue investigador para una compañía de seguros, si creemos en el asesino del Zodíaco no es por sus crímenes, que no comparten ni método ni indicios, sino por las cartas que envió a medios de comunicación de 'San Francisco Chronicle' y sus llamadas de teléfono. Es precisamente en el mito, en los criptogramas y los círculos con una cruz que dibujaba, donde comienzan las inconsistencias, que llevan a Horan a plantear una hipótesis alternativa siguiendo el principio de la navaja de Ockham. Nunca hubo un asesino del Zodíaco, sino muchos bromistas y personas obsesionadas con él, como Robert Graysmith, el caricaturista del 'San Francisco Chronicle' que era interpretado por Jake Gyllenhaal en 'Zodiac' y que publicó en 1986 uno de los libros canónicos sobre el tema.


Tras leer todos los documentos publicados sobre el tema, el profesor detectó varias inconsistencias clave. Un ejemplo claro: en una de sus cartas, el asesino intentaba demostrar que había sido él relatando algunos detalles que no habían trascendido a la prensa. Por ejemplo, que Darlene Ferrin llevaba “pantalones de cuadros” [“paterned slacks”]. Pero no era verdad: en realidad, llevaba un vestido negro blanco y azul con flores [“blue and white flowered black dress”]. La clave se encuentra en la confusión entre “slack” y “black”. Según Horan, y suena razonable viendo el documento, quien escribiese la carta se sacó el término “slack” de la manga, que apenas se utilizaba, porque en las copias del informe policial la “b” se había impreso mal.

En otra carta, el asesino aseguraba que se había marchado de Blue Rock Springs en su coche lentamente y sin hacer ruido. Nada de eso, según el superviviente Mageau. Sin embargo, sí había un coche, conducido por un tal Andrew, que, según los informes policiales, circulaba lentamente por la zona. Aquí viene el truco: ni el asesino real lo podía saber, ya que había huido de la escena un cuarto de hora antes, ni nunca fue publicado en un periódico. Muy probablemente, quien escribiese la carta se encontraba en algún punto intermedio de la cadena, y sabía más que el público general pero menos de lo que debería haber conocido si hubiese sido el verdadero asesino.

A menudo, los lugares del crimen se han presentado como simples picaderos, pero eran también espacios donde se trapicheaba con drogas como metanfetaminas, espacios transitados por los Ángeles del Infierno, que no se andaban con chiquitas por aquella época. Recordemos que Mageau era un agente de policía, y que un 4 de julio no suele hacer un frío que justifique llevar tres capas de ropa, incluidos pantalones. Su explicación, que no quería parecer delgado ante su amante, era poco convincente: ¿y si estaba infiltrado, vestido de paisano?


Sigamos. ¿Qué ocurre con la llamada que recibió el departamento de policía de Vallejo la noche en que Mageau y Ferrin fueron atacados, en la que el informante confesaba “yo también fui el que mató a estos chicos el año pasado”? Podría haber sido cualquiera, recuerda Horan, o al menos cualquiera que estuviese escuchando la emisora de la policía, pues la llamada se produjo 30 minutos después de que fuese radiada por dicha frecuencia. Los datos (incluido el calibre de nueve milímetros del arma) podían obtenerse sabiendo buscar en el lugar adecuado, sin necesidad de haber sido quien apretaba el gatillo. Cabe otra posibilidad: que el departamento de policía maquillase el contenido de la llamada para vincularlo con los crímenes del año anterior. Unos cuantos pájaros, asesinados de un mismo tiro.

El gran punto de fuga, no obstante, se encuentra en el crimen del lago Berryessa, que recoge con todo lujo de detalles Fincher en 'Zodiac'. Según la declaración del superviviente, el agresor utilizaba la famosa capucha de verdugo, las gafas de sol y el babero con el símbolo de la cruz y el círculo que ya habían aparecido en todos los medios. Hay dos detalles que patinan, según el profesor. Número 1: en ningún momento, durante la llamada telefónica, el agresor se identificó como el asesino del Zodíaco. Número 2: ninguna de las cartas mencionaba dicho incidente. Además, la letra de la pintada que apareció en el coche de Hartnell era muy diferente a la de las misivas recibidas.

¿Qué estaba pasando?

Si yo no fui, ¿entonces quién?

Que no exista el asesino del Zodíaco no quiere decir, obviamente, que todas esas personas no fuesen asesinadas, o que las cartas fuesen falsas. Los cadáveres existen, y las misivas también. Tan solo que es muy probable que todas las autorías correspondan a personas muy diferentes. Algo más o menos evidente en el caso de los asesinatos, que guardan muy poca relación entre sí más allá que su cercanía geográfica. ¿Y las cartas? Según Horan, existen dos autores, uno antes del último asesinato, y otro después, cuando el presunto asesino del Zodíaco comenzó a farolear.


La apuesta de Horan sobre el autor de las últimas cartas es elevada. Se trataría ni más ni menos que de Robert Graysmith: sí, el caricaturista con el rostro de Jake Gyllenhaal. Como miembro del equipo de producción, probablemente había disfrutado de acceso a las cartas del Zodíaco, por lo que había podido analizarlas y crear su propia versión de ese personaje que tanto le fascinaba… y del que escribiría detalladamente una década después. En cuanto al autor de las cartas originales, el principal sospechoso es un oficial del condado de Napa que había puesto en marcha el departamento forense y cuya letra era sospechosamente parecida a la de las cartas enviadas por el presunto asesino.

Hay, no obstante, un punto flojo en la teoría anticonspirativa de Horan: si el asesino del Zodíaco nunca fue tal, ¿de dónde salieron los trozos llenos de sangre semicoagulada de la parte de atrás de la camisa de Paul Lee Stine que añadía a cada una de cartas? Según el profesor, fueron cortados después de dar la vuelta al cadáver, que encontraron en el asiento de copiloto de su taxi. Esos pedazos de ropa eran el gran trofeo del asesino del Zodíaco, que los utilizaba como demostración de que los crímenes de “la zona del norte de la bahía” llevaban su firma.

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