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Evolución histórica de la Criminología Ambiental

TOMADO DEL LIBRO:

Criminología ambiental Ecología del delito y de la seguridad Laura Vozmediano Sanz - César San Juan Guillén


No hay mejor modo de presentar la Criminología Ambiental que recurrir a las palabras de Brantingham & Brantingham (1991) en una de las obras clave de la disciplina: «La Criminología Ambiental plantea que los eventos delictivos deben entenderse como una confluencia de infractores, víctimas u objetivos del delito, y normativas legales, en escenarios específicos, ocurriendo en un momento y lugar concretos. Esto significa que un análisis completo del delito tiene cuatro dimensiones: la dimensión legal, la dimensión del infractor, la dimensión de la víctima/objetivo, y una dimensión espacio-temporal. Lo que es más, esas dimensiones han de comprenderse e interpretarse sobre un telón de fondo histórico y situacional complejo, de características sociales, económicas, políticas, biológicas y físicas, que establecen el contexto en el que están contenidas las dimensiones del delito. [...] El interés de la Criminología Ambiental por el papel que juegan la localización y el cambio de posición y yuxtaposición de los eventos delictivos, no niega la legitimidad de los estudios que se llevan a cabo en las otras dimensiones del delito. [...] Esto se concentra en la dimensión espacial del delito al considerar que será extremadamente fructífera, y necesaria para la construcción de cualquier síntesis multidimensional para la comprensión del delito».

Con estas palabras, reconocen la multidimensionalidad y complejidad de su objeto de estudio –el delito– al tiempo que manifiestan su convicción en la utilidad de la perspectiva ambiental para contribuir a su compresión y control.


Y es que la Criminología nos ofrece muy variadas explicaciones para el fenómeno de la delincuencia. Si pensamos en las distintas teorías, es posible ordenarlas en tres niveles, en función de si inciden en las características individuales del delincuente, en el contexto social, o en el ambiente físico, tal como nos muestra la Figura 1.


FIGURA 1

Desde un único nivel no sería posible explicar la totalidad de un fenómeno complejo en el que interactúa una gran casuística de factores. Sin embargo, focalizar la atención en el nivel ambiental nos permite analizar en profundidad el peso específico que tiene el escenario para explicar la conducta infractora y diseñar estrategias de intervención especializadas. Una perspectiva que obviamente debe complementarse con los estudios y estrategias que eventualmente puedan desarrollarse desde los otros niveles. Como ya apuntamos en el capítulo anterior, sería ingenuo plantear la criminología ambiental como una tesis cerrada y definitiva, pero sin duda ofrece una caja de herramientas interesante para predecir, explicar y prevenir la delincuencia.


Siguiendo a Wortley & Mazerolle (2008), las premisas de esta perspectiva ambiental pueden resumirse en tres puntos: la influencia del ambiente en la conducta delictiva, la no aleatoriedad de la distribución espacio-temporal del delito, y la utilidad de los elementos anteriores en el control y prevención del delito. Pasaremos a explicarlos de forma sucinta:


1. El comportamiento delictivo está influenciado, de forma significativa, por el ambiente en el que se produce. De hecho, tal y como se plantea desde la Psicología Ambiental, toda conducta ocurre en un lugar, lo que con- vierte al escenario, al contexto, en una variable más a la hora de predecir y explicar el comportamiento. También el comportamiento infractor. La Criminología Ambiental estudia cómo el ambiente afecta a la conducta delictiva y por qué ciertos escenarios favorecen que ocurran determinados delitos. En este mismo capítulo profundizaremos en los orígenes del interés por estas cuestiones y en el capítulo III, veremos en detalle las teorías que tratan de darles respuesta.

2. La distribución de los delitos en el espacio y en el tiempo no es aleatoria. Si lo fuera, carecería de sentido la Criminología Ambiental. Lo que justifica esta disciplina es que los estudios empíricos han mostrado repetida- mente que los delitos se concentran en ciertos lugares y momentos concretos, pudiéndose llegar a establecer patrones. Desde la Criminología Ambiental se pretende identificar y describir estos patrones con técnicas tales como los mapas del delito.

3. La comprensión del papel de los ambientes crimípetos (San Juan, 2000) –es decir, aquellos que debido a su morfología, estructura y también características socio-demográficas pueden favorecer u ofrecer más oportunidades para cometer delitos– y el conocimiento de los patrones del delito, constituyen pilares muy útiles para su control y prevención. El diseño de espacios urbanos apoyándose en distintas estrategias (CPTED, prevención situacional, etc.) puede ayudar a dar respuesta a los problemas de seguridad objetiva y/o subjetiva y, en consecuencia, mejorar la calidad de vida urbana. En el capítulo VII y en el capítulo VIII estudiaremos las diferentes estrategias que, desde esta perspectiva ambiental, se proponen para hacer frente al delito.


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